El caos cognitivo de la finanza
Con la ayuda de gobernantes, incapaces de pensar de otro modo, la finanza se encuentra sumida en un perfecto caos cognitivo exigiendo políticas draconianas de ajustes presupuestarios, cuyos efectos desastrosos son inmediatamente visibles (no habrá hecho falta ni un año antes de que fuera manifiesto este contrasentido en el caso griego), a los que responde exigiendo que se ahonde en aquello mismo que ha provocado un empeoramiento de la situación. Al mismo tiempo, los locutores autorizados de la finanza lo piden todo y lo contrario: piden un rigor sin fisuras pero exigen crecimiento. El último informe del FMI sobre la economía británica es elocuente desde este punto de vista ya que se muestra alarmante porque la caída del crecimiento vuelve improbable que se alcancen los objetivos previstos, yendo incluso hasta establecer un causalidad entre esta improbabilidad y la rígida austeridad autoimpuesta (como los demás)... para acabar recomendándole que ante todo siga en esta línea de conducta y no apartarse ni un milímetro! Este tipo de aberración cognitiva será el « pan nuestro de cada día » y se verán cada vez más opiniones financieras – agencias, FMI, prensa económica- oscilar entre exigencias contradictorias sin ser capaces de extraer la mas mínima conclusión.
Puesto que la contradicción patente entre políticas de austeridad y crecimiento (solo éste puede estabilizar los ratios Deuda/PIB) es inamovible instantáneamente, podría, no obstante ser resuelta de manera intemporal, pero con la condición, claro está, de ser capaz de proyectarse a medio plazo – es decir – de ser pacientes. La estimulación coordinada relanzaría las economías gracias, para empezar, a una degradación consentida de los déficits y de las deudas, pero solo temporal hasta que vuelvan a aumentar los ingresos fiscales y estabilicen (por el denominador) el ratio Deuda/PIB. Una vez se ponga en marcha esta dinámica, habría entonces lugar a que se redujeran progresivamente los dispositivos de estímulo. Este era el camino que quería tomar la administración de Obama… Hasta que los republicanos se dedicaron a hacer todo el ruido necesario para que tomara consistencia un « problema de deuda » que se impuso desde entonces en la agenda del debate público y en la preocupación de los mercados. Podemos apostar que incluso sin los republicanos, la finanza por sus propios medios habría acabado por ocuparse « del caso » por ser esa su principal característica: aunque se defina con cierta complacencia como el « arte de la proyección temporal » por excelencia, la finanza de los mercados es generalmente incapaz de prever a medio plazo.
La entrada de los EEUU, y pronto del Reino Unido, en el club de expansión rápida de países “con problemas” tiene entonces por efecto, destruyendo de paso la encarnación del « activo sin riesgo », de significar simbólicamente que dentro de poco no quedaran más refugios para el flight to quality, es decir que no quedara más exterioridad – nowhere to hide, como dicen los americanos - , y eso aunque no haya que esperar mucho antes de que el callejón sin salida económico al que ha abocado la degradación a los EEUU empiece a producir sus efectos, es decir el deterioro del ratio de deuda pública y a probar que, si, había, hay, un problema!
Ahora que se pone en evidencia con aspavientos la imposibilidad de pagar en un horizonte de medio plazo y con la imposición de una austeridad innegociable que conduce a un muro, la certidumbre de una catástrofe final empieza a perfilarse. Bajo esta perspectiva sería más juicioso reformular el problema general de la deuda – pero evidentemente en otros términos: la globalización neoliberal morirá en la deuda porque, a pesar de se nos venda como la razón económica misma, el neoliberalismo es fundamentalmente el régimen del sobreendeudamiento generalizado. Deuda de las familias, deuda de las instituciones financieras, deuda de los Estados: la deuda global a aumentado de manera exponencial en estos últimos veinte años de globalización en la mayoría de los Estados: de 220 à 500 puntos de PIB para el Reino Unido entre 1990 y 2010, de 130 à 370 puntos de PIB para España, de 200 à 350 puntos de PIB para Francia, de 200 à 280 puntos de PIB para EEUU…
La deuda de las familias se dispara porque únicamente el crédito les permite mantenerse a flote para su consumo corriente cuando sus ingresos se comprimen constantemente, como resultado de la competición por la reducción de costes del libre comercio y de la presión accionarial hacia más rentabilidad financiera. La deuda de las instituciones financieras se dispara por obra y gracia del apalancamiento para propulsar los ROE (Return on Equity, rendimiento de los capitales propios) La deuda de los Estados se dispara por el efecto del shock recesionista ocasionado por la crisis financiera (contracción del crédito, credit crunch, entre otros…) expresión perfecta de los desórdenes mismos del neoliberalismo, pero sobretodo, en un periodo reciente por los efectos de la contra revolución fiscal, otro de sus productos típicos, que reduce la contribución del capital y de los más ricos. Llega entonces el momento en que esa divergencia proporcional ya no es sostenible y no queda más remedio que quitas masivas- en eso estamos ahora.Y qué hay de los demás títulos soberanos que siguen con triple A? Ninguno ofrece una cantidad comparable a la de los Treasuries. Y ante todo, la finanza esta pensando ahora que si los EEUU, que eran la mejor garantía del mundo, han sido degradados, entonces los demás, que eran menos buenos deberán ser a su vez revisados...







